El hombre oso

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El hombre oso A

Sólo tengo un recuerdo

Aquel día de verano, cerca ya del otoño

Los madroñeros cargados de frutos

Y la somnolencia que me entró, después de comer unos cuantos,

Quizá superé lo permisible

Y el sueño me venció.

El hombre oso B

Ya está llegando el otoño. Han pasado las palomas, los estorninos. Pronto pasarán las grullas y llegarán los fríos y las nieves. Yo no encuentro la manera de volver al pueblo.

El hombre oso C

Y si alguna vez me acerco, como me pasó el otro día, mientras comía toda la miel de las colmenas del valle, empiezo a oír tiros y gritos de personas y perros que vienen hacia mí.

El hombre oso D

La verdad es que no me hace falta de nada, me ha crecido un pelo pardo y tupido por todo el cuerpo y, como no me lavo, ni uso calzado, las uñas se me han puesto negras, largas, afiladas y brillantes.

El hombre oso E

Además me he puesto muy gordo, pues siempre tengo hambre y me las ingenio para buscar la mejor comida: castañas, nueces, avellanas, frambuesas, madroños por supuesto, todos los que puedo, y otros frutos del bosque, que hasta ahora no los había probado y me están produciendo verdadera adicción.

El hombre oso F
Mi familia ha venido a buscarme, aunque les encuentro un poco raros.

No tengo nada más que estirar los brazos y vienen mi mujer, mis hijos y mis sobrinos y todos vamos a por comida.

El hombre oso H

Y lo que nunca imaginé que fuese capaz de hacer, derribé de un manotazo al mastín del pastor. Allí quedó desangrándose.

¡Si se lo contase a mis amigos del bar!…

El hombre oso I

Y mi mujer, después de tantos años, ¡¡está en celo!!

¡Cómo disfruto! Y no le importa mi falta de aseo.

Sin embargo, mi vecino me dio un manotazo cuando me vio que me acercaba a ella.

No lo entiendo.

Y por supuesto, le lancé un rugido, que cayeron las castañas de los árboles.

Nunca me he encontrado tan fuerte y, ¡por fin!—, soy el que mando.

El hombre oso J

De vez en cuando llegan los cazadores y, por mucho que les explique a mi mujer y a mis hijos que son mis amigos…

Echan a correr, y yo detrás, claro. Pero estoy tan gordo que tengo que usar las manos y los pies. Entonces, sí que echo de menos mis botas de suela de neumático.

El hombre oso G

Ayer derribamos con el costado la puerta de una borda. ¡Qué banquete!

Yo sólo comí cinco o seis quesos de los grandes, casi un cesto de huevos y un par de gallinas que me llevé en la boca.

El hombre oso K

Parece que el otoño se alarga y no tengo ninguna prisa por volver al pueblo.

Estoy muy gordo para andar tanto, además, no puedo desperdiciar las castañas y las bayas que quedan en el bosque.

El hombre oso L

Y mi familia tampoco me insiste, al contrario.

Hace tres días que entraron en una cueva a dormir un rato, y allí siguen.

El hombre oso M

Así que terminaré de limpiar este castañal y me retiraré.

El sueño me vence… ¡¡¡AHUGRGGRGRGRG!!!